"el ánima del amante vive más en aquél a quien ama que en sí mismo; por donde cuanto el amado más se aparta y se ausenta, le va siguiendo, (...) la flaqueza del cuerpo y desmayo del corazón que proceden de este enajenamiento del alma, (...) cuando llaman a lo que aman alma mía y publican haberle sido robado el corazón, (...) no es encarecimiento ni manera de buen decir, sino verdad que pasa así, (...) y lo que más (...) se pretende y desea, es cobrar cada uno que ama su alma, la cual (...) parece tener su asiento en el aliento; de aquí es el desear tanto y deleitarse de los que se aman en juntar las bocas y mezclar los alientos, como guiados por esta imaginación y deseo de restituirse en lo que les falta de su corazón, o acabar de entregarlo todo. "Victoria Slavuski en "Música para olvidar una isla".